Jorge Alcocer, Sopa de lodo

Sopa de lodo

Jorge Alcocer V.
31 Mar. 09

La desesperación explica la estrategia de propaganda que el PAN viene desarrollando en internet, televisión, radio y, desde ayer, en los medios impresos. Hace algunas semanas que las señales de alarma sonaron con estruendo en la oficina de Germán Martínez, jefe nacional del blanquiazul: el PRI aparece, en casi todas las encuestas publicadas, muy por arriba del partido del gobierno.

Los políticos repiten lo que les funcionó, y el dirigente michoacano está convencido, como lo siguen estando quienes formaron parte del cuarto de guerra del candidato Felipe Calderón, que la propaganda negra (“un peligro para México”) hizo la diferencia en 2006. Por tanto, han decidido repetir el juego, ahora en contra del PRI, y asumir los costos, hasta donde tope.

La estrategia es elemental, pero efectiva: subir a la página oficial del PAN en internet mensajes videograbados en los que Germán Martínez acusa al PRI de tolerancia o complicidad con el narcotráfico, emplazándolo, de manera retadora, a definir de qué lado está en la guerra contra el crimen organizado (“con Calderón o con el narco”); lo anterior es reforzado con reiteradas declaraciones del dirigente panista en eventos internos o externos, como ocurrió en su reciente participación en la reunión anual de los banqueros.

Los mensajes en internet son retomados por los noticieros de televisión y radio, que los reproducen al aire, igual hacen los diarios, con lo que se alcanza el efecto mediático buscado; todo ello sin dar lugar a denuncias por violaciones al Cofipe, pues el uso del ciberespacio está libre. De esa forma, el PAN ha logrado poner al PRI contra las cuerdas, imponiendo que el debate se concentre en un solo tema (inseguridad) y evitando que otros, de igual o mayor importancia, como los económicos, emerjan.

Esta semana el PAN decidió cruzar el rubicón y lanzarse a fondo en su ataque al PRI al hacer publicar en varios medios impresos (Proceso y diarios capitalinos) una inserción pagada con un juego de sopa de letras (mejor dicho, de lodo) mediante el que se encuentran “13 características del gobierno del PRI”, incluyendo entre ellas el calificativo de “narco”. Las inserciones rematan con la frase “Amenazan con regresar. ¿Los vas a dejar?”.

Se trata de una abierta violación a la norma constitucional, aprobada por los legisladores panistas, que prohíbe a los partidos el uso de expresiones que denigren a las instituciones y a otros partidos; la denigración panista linda con la calumnia, al acusar al “gobierno del PRI” (a los de ayer y los de hoy) de tener como una característica el “narco”. Consciente del terreno en que se han metido, el representante del PAN ante el IFE, Roberto Gil, fue ayer un enjundioso defensor del supuesto derecho del PVEM a comprar tiempo en TV, conducta que le ha valido una multa de más de 9 millones de pesos.

Habrá que esperar la reacción del PRI; si continúa con la táctica de no responder a los ataques, creyendo que así minimiza el efecto en su contra, o si toma el desafío en todo lo que implica y responde en todos los frentes, pues la vía legal, aunque está abierta, lo que no podrá resarcir es el daño causado (Palo dado, ni Dios lo quita).

Ingenuo sería suponer que el presidente Felipe Calderón es ajeno a la estrategia de lodo que encabeza su coterráneo. Se trata -creo- de una decisión calculada que pone por delante los intereses y metas electorales, en un desesperado intento por revertir las tendencias desfavorables. Ya se los había dicho, en su cara, el propio Presidente a la cúpula priista: “Le ruego a Dios que no ganen”; pero a Dios rogando, y con el mazo dando.

El dilema del PRI es el del prisionero, pues parece evidente que, por ahora, el PAN marca las reglas de este juego. Si el PRI, por ejemplo, congela las negociaciones en el Congreso en torno a iniciativas presidenciales de alto impacto mediático (extinción de dominio) será acusado de hacerle el juego al narco, o cosas peores. Como se vea, el proceso electoral, a un mes del arranque de campañas federales, ha entrado en zona de tormenta.

Felipe Calderón parece haber hecho a un lado su función y responsabilidad como jefe de Estado para condescender con las acciones de su partido, dispuesto a todo con tal de no perder de manera estrepitosa.

Todo esto ocurre sin que el Consejo General del IFE muestre capacidad ni fortaleza para imponer orden en el campo de juego. Las divisiones entre los consejeros electorales se profundizan, los alineamientos partidistas afloran. Una y otra vez el TEPJF les corrige la plana, provocando el pataleo de algunos de ellos, que se llaman a ofensa por sus propios errores, como es el caso de los materiales para capacitación de funcionarios de casilla.

Por vez primera desde el surgimiento del IFE, una mayoría de consejeros aprobó ayer, a petición del PAN y sobre las rodillas, extender el plazo límite para concluir la selección de candidatos a diputados federales, pasando por encima de su propio reglamento de sesiones y abriendo la puerta a un desbarajuste.

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