Daniel Cosío Villegas: anticipa crisis del PAN

Desplomarse al hacerse gobierno

Documento Crisis en el PAN. En su ensayo La crisis de México, escrito en 1946, Daniel Cosío Villegas advertía que si la derecha llegaba al gobierno se derrumbaría


(19 julio 2009).- México viene padeciendo hace ya algunos años una crisis que agrava día con día; pero como en los casos de enfermedad mortal en una familia, nadie habla del asunto, o lo hace con un optimismo trágicamente irreal. La crisis proviene de que las metas de la Revolución se han agotado, al grado de que el término mismo de revolución carece ya de sentido. Y, como de costumbre, todos los grupos políticos continúan obrando guiados por los fines más inmediatos, sin que a ninguno parezca importarle el destino final del país…

Una solución se ocurre casi enseguida: entregar el poder a las derechas. Puesto que las izquierdas se han gastado llevando su programa hasta donde pudieron, puesto que las izquierdas se han corrompido y no cuentan ya con la autoridad moral, ni siquiera política, necesaria para hacer un gobierno eficaz y grato, déjese el turno a las derechas, que no han dirigido el país desde 1910…

No hay sino dos consideraciones que impiden recomendar esa solución: sus peligros, desde luego; pero, sobre todo, el temor de que el país no obtuviera otro beneficio que el bien triste de convertirse en teatro de nuevas y estériles luchas. Porque, ¿México puede esperar algo de las derechas?

La derecha mexicana, como la de todo el mundo, no es la mano cordial; carece de la comprensión y de la generosidad de que tanto necesita nuestro desdichado país. Por añadidura, nada nos ofrece que sea nuevo o mejor de lo que ahora tenemos. Desde este punto de vista, México no podría encontrarse en una situación ni más angustiosa ni más desesperada, pues no se encaminaría mejor acudiendo a la fórmula, después de todo tan simple, de cambiar de régimen y de signo político.

No pensemos ya en el sinarquismo, partido de una ramplonería mental propia sólo del desierto, ni en las derechas que proceden de disensiones entre facciones de la Revolución, sino en Acción Nacional. En primer lugar, me parece claro que Acción Nacional cuenta con dos fuentes únicas de sustentación: la Iglesia católica y el desprestigio de los regímenes revolucionarios; pero la medida de la escasa fuerza final que tendría la da el hecho de que se alimenta mucho más de la segunda fuente que de la primera, a pesar de la tradicional generosidad nutricia de la Iglesia católica para amamantar a todo partido retrógrado. Esto quiere decir que Acción Nacional se desplomaría al hacerse gobierno. ¿Tendría, llegado ese momento, algo más para vivir por sí misma y guiar al país? No cuenta ahora ni con principio ni con hombres y, en consecuencia, no podría improvisar ni los unos ni los otros. En sus ya largos años de vida, su escasa e intermitente actividad se ha gastado en una labor de denuncia; pero poco o nada ha dicho sobre cómo organizaría las instituciones del país. Creo recordar que alguna vez sostuvo que la “base” de la educación era la familia, lo cual quiere decir, o muy poco, o demasiado, y más bien lo primero que lo segundo. Y ¿quiénes son los hombres de Acción Nacional? Son los que en el porfirismo se llamaban personas decentes, lo cual quería decir, en la forma, una reminiscencia muy lejana del vestir inglés y, en el fondo, una mentalidad señoritil. Y, de nuevo, mucho del valor que hoy parecen tener esos hombres de Acción Nacional se deriva del desprestigio de los hombres de la Revolución. La prensa y la Iglesia han hecho de Manuel Gómez Morin, el jefe de Acción Nacional, casi un santo, y de Vicente Lombardo, la figura mayor del movimiento obrero, casi un villano; pero Manuel Gómez Morin sabe, como nadie en este mundo, que él no es superior a Lombardo ni mental ni moralmente. El hecho de que muchos jóvenes votaran a favor de la candidatura del doctor Mario Torroella para senador del Distrito Federal, sólo puede tener la explicación de que votaban en contra de Fidel Velázquez, secretario de la Confederación de Trabajadores, pues carece de toda seriedad suponer que al primero se le puede mirar, objetivamente, como mejor gobernante o legislador. México puede y debe tener, en suma, una fundada desconfianza hacia un partido, hacia todo partido que no haya sabido forjar en el ayuno de la oposición un programa claro, ahora sí que de acción nacional, y que no dé la reconfortante sensación de que la marcha es hacia un nuevo día y no hacia la noche, ya muerta y callada…

 
Fragmento del ensayo La crisis de México de Daniel Cosío Villegas. Extraído de Cuadernos americanos, volumen seis, 2 de marzo de 1947, Universidad Nacional Autónoma de México.

 
 
 
Conózcalo
 
Daniel Cosío Villegas (1898-1976).

Estudios: abogado por la Universidad Nacional, estudió economía en Harvard, Wisconsin, Cornell, la London School of Economic y la Ecole Libre de Sciences Politiques.

Trayectoria: secretario general de la UNAM. Fundador y director de El Trimestre Económico y del FCE. Presidente de El Colegio de México. Encabezó el Consejo Económico y Social de la ONU.

Obras: El sistema político mexicano, El estilo personal de gobernar y La sucesión presidencial.

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